jueves, 17 de abril de 2025

Cósmica Cuna



En el útero de sombras,

el tiempo es un latido sin horas,

floto en un mar sin nombre,

célula y universo a la vez.

Soy un astro recién nacido

en el vientre oscuro de lo eterno,

donde el silencio teje mi piel

con hilos de estrellas calladas.

-¿Qué es el frio?- pregunto

a la nada que me abraza,

y solo responde el eco líquido

de un corazón que bombea distancias.

Aquí, en este espacio sin bordes,

soy semilla de galaxias,

viajero de un cosmos íntimo

que me arrulla con canciones sin aire.

Pero allá afuera, más allá del musculo estelar,

yacen constelaciones de risas y heridas,

planetas de manos que buscan otras manos,

y soles que estallan en versos compartidos.

Sé que nacer es caer en gravedad,

es un llanto que rompe el éter,

para aprender a caminar sobre polvo cósmico

y nombrar el amor con lengua terrestre.

Floto aun, entre dos infinitos:

el que me guardó en secreto

y el que me exige ser puente, ser grito,

ser huella en la arena de lo desconocido.

Llevo en mis venas salitre de nebulosas

y en los ojos, un mapa de futuros posibles.

La soledad fue mi primera maestra,

ahora la vida me dicta su enigma:

-Tejer con hilos ajenos la misma red,

beber de pozos que otros cavaron con lágrimas,

y alzar, entre todos, un árbol de luz

cuyas raíces abracen los abismos.

Somos astronautas de nuestra propia piel,

náufragos que inventan barcos con miradas,

porque hasta el vacío guarda un rumor de vida,

y en cada encuentro, el universo renace.

Floto, sí, pero hacia vosotros:

hacia el vértigo de ser juntos

en esta órbita frágil y vasta

donde hasta la oscuridad canta

cuando aprendemos a escucharla.


Pedro Vargas Torres

Valera 2025


 

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